“Sin lugar a dudas una se siente estupendo. De pronto sientes que eres MUJER, que eres mucho más inteligente y que sabes bien cómo manejarte en todo. Tuve suerte, me tocó un amante que es precisamente lo contrario a mi esposo. Que es galante, que abraza, usa sus manos de una manera increíble sobre mi cuerpo, se preocupa por mi goce y satisfacción, y a pesar que el tiempo disponible no es nuestro aliado me seduce durante horas. Volví a sentir deseos de verme atractiva y sensual”
Así describe Eugenia su estado actual, ella tiene 35 años de edad y 10 años de casada. Alta y con unas sensuales curvas que de por sí se insinúan perfectas para dar placer al más exigentes de los amantes, hoy se la ve muy distinta, ni esa pizca de culpabilidad que seguramente siente puede opacar tanto disfrute.
Ella, es una mujer independiente pero también dedicada y responsable con su familia, y aunque no era feliz en su lecho matrimonial jamás se había propuesto tener un amante clandestino. Pero de todos modos el amante de sus fantasías llegó, y un torbellino de emociones le dio un nuevo sentido a su desgastada y aburrida vida.
Los deseos de tener un amante surgen nada más de la monotonía y aburrimiento de la rutina marital, cuando ya no hay besos apasionados ni salidas románticas por la noche ni entusiasmo por probar nuevas caricias o nuevas posturas que ayuden a hacer más placentero e intenso el encuentro sexual. Los deseos de tener un amante surgen también cuando la mujer está agotada de trabajar en casa y encima se siente ignorada por el esposo.
Los sexólogos son claros y contundentes en sus conclusiones y afirmaciones: cuando la mujer decide tener un amante hay mayor estimulación, seducción y encanto, la mujer recupera toda su fuerza femenina y vitalidad. Se siente bella y deseada.
Cada vez que regresa a su casa tras estar con su amante casual debe hacer esfuerzos por no gritar su satisfacción y alegría, aunque no está enamorada de su amante – y de su esposo tampoco- , se siente plena, se siente mujer. Pero eso no le ocurre a unas pocas, sino como deducen los investigadores, es lo más frecuente. Definitivamente, la infidelidad hace más lindas y atractivas a las mujeres, y que tras estar con su amante vuelvan a sus casas más contentas y hermosas que nunca. No es para menos, para ellas tener un amante es más bien una evasión, un complemento, una compensación de eso que tanto busca y que jamás encuentra en el lecho conyugal.
Pero buena parte de estas mujeres infieles no quieren terminar con la relación marital; sea por los hijos, por cuestiones económicas o sencillamente porque sienten un inmenso cariño por su esposo. Ellas prefieren no enamorarse de sus amantes, es más, evitan hacerlo cortando la relación en el momento justo, sin retorno. Ellas han aprendido con creces que si bien, sostener su matrimonio es un factor relevante también lo es el buen sexo, y cuando se han agotado los medios para lograr que el esposo la trate bien, con esmero y galantería, nada mejor que recurrir a la estrategia de tener una amante para unos encuentros sexuales sin compromiso pero plenos de excitación y placer.
Las mujeres que han probado la miel del buen sexo han probado la miel de la vida, y eso las hace libidinosamente bellas, apetecibles y más espléndidas cada vez, aún cuando sean casadas y para ello hayan tenido que recurrir a tener un amante.
Más o menos oculto, el deseo ardiente está dentro de cada mujer. Cuando ella entrega ese deseo al placer sexual es como un árbol que reparte esa bella sensación por cada una de sus ramas, haciéndose así más grande y hermoso.
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